Contra la homofobia

18 05 2008

Ayer fue el Día Internacional contra la Homofobia y la Transfobia, como recuerda El Mundo (aunque se invente la biofobia, que ha de ser una especie de aversión a la vida) pero no El País. Aquí dejo la imagen de una campaña que me gustó especialmente (porque una imagen vale más que mil palabras, y ésta puede tener un importante efecto pedagógico), y el símbolo de este día.

Stop homophobia. Bigotry kills.





Frustración

11 05 2008

hoy me he levantado sin querer despertar

y he desayunado sin que la tostada me nutriera ni me avivara el café

asistí a clases, en las que nada aprendí aunque quería

estuve con mis amigos, cuya amistad no disfruté

aunque quería

caminé, y el suelo no se movía bajo mis pies

y quise comprar en una calle llena de escaparates rotos y vacíos

la pantalla del cine para mí permaneció blanca y callada

deseé correr, gritar y mi cuerpo no me respondía

mi mirada no te encontró con los ojos abiertos

pero al cerrar los ojos nunca sales de mis sueños

Escribí esto hace algo más de un año. Como suele decirse, para todo hay una primera vez, y ésta fue mi primera vez en lo que a decepciones sentimentales se refiere. Bueno, no todo va a ser orgullo en la vida; al fin y al cabo, uno está expuesto a los vaivenes vitales como cualquier hijo de vecino.





Salir del armario… en la ficción

3 05 2008

Uno de mis temas favoritos cuando se trata la homosexualidad en las series de televisión (cosa que ocurre cada vez con más frecuencia, afortunadamente) es el coming out, la salida del armario o la asunción pública de ser gay o lesbiana. He recogido unos cuantos ejemplos en YouTube: los que he encontrado son hombres (de mayor o menor edad) en el momento de contárselo a sus padres.

Aída: El personaje de Fidel es ya un clásico, pero ha sido ahora cuando por fin se ha decidido a contarle a su padre su secreto a voces. ¿Estereotipo de pluma o alabanzas por presentar al primer adolescente homosexual en una serie española? Ahí está el debate.

Yo soy Bea (sí, también me gusta Yo soy Bea, ¿qué pasa?): Daniel Echegaray sale del armario con su novio Richard ante su padre. ¿Demasiado estereotipado el padre, quizás? Eso me gustaría a mí creer, pero sé que los hay así y peores.

Física o Química: Dejando de lado la muy mejorable interpretación, es el caso de los padres que se lo imaginaban y lo que temían era que tuviera algún problema grave. De todas formas, la madre deja claro también que “esperaba estar equivocada”, cómo no. Y que su hijo fuera normal, le ha faltado decir.

El cor de la ciutat: He seguido por YouTube la evolución de la relación entre Max y Enric, y me parece que la forma de tratar la homosexualidad es ejemplar para una serie española. En este fragmento, Enric sale del armario tras haber sido “pillado” por su madre y la reacción del padre no es demasiado buena que digamos.

As the world turns: Luke habla a su padre del verdadero motivo de su ruptura sentimental. Mientras que éste ya lo intuía, su madre no cree su hijo pueda estar seguro. Es una de las pocas veces en que el padre se lo toma mejor que la madre: “¿Así que simplemente quieres aceptar esto?” “Es nuestro hijo, y así es como es.”

Six Feet Under (A dos metros bajo tierra): En este caso, la madre sólo le reprocha que no se lo dijera antes. Las madres nunca acaban de comprender lo difícil que puede ser para uno definirse como gay y decidirse a contarlo, por mucho que “estén abiertas a hablar” sobre el tema.

Queer as Folk (versión británica): Me parece emocionante el discurso de Stuart: “Soy marica. Soy gay. Soy homosexual [...]” y así sigue enumerando todos los posibles sinónimos comunes, insultantes y degradantes, pero “No soy un pervertido”. Ver el vídeo





Te entendí

23 04 2008

(Microrrelato para Dos manzanas en el Día del Libro)

Al pronto de despertar no se percató de ningún cambio. Como todas las mañanas, encendió la radio, cuyo dial no se movía jamás, y se preparó para acudir a su puesto de trabajo en la redacción de un importante periódico. Fue entonces cuando ocurrió: el locutor comentaba el rotundo éxito de la manifestación de ayer, y dio paso a una breve entrevista con una señora que había participado en la misma. “Me parece que si yo, eh, voy paseando por la calle y me encuentro a dos hombres ahí, eh, pues comiéndose la boca, pues no tengo por qué, eh, soportarlo, ¿no?, porque…”. Dejó de escuchar, aterrado, y sin poder creer lo que le estaba sucediendo: al escuchar estas palabras y visualizar la escena que describía la entrevistada, su cuerpo, débil y fofo aunque aún no demasiado envejecido, había tenido una reacción inesperada y totalmente desconcertante.

Se sentó, intentando serenarse. “Seguro que a cualquiera le habrá ocurrido algo así en alguna ocasión”. Hacía muchos meses que no se acercaba a su mujer; quizás la causa fuera precisamente ésa. Sin embargo, y sin poder evitarlo, imágenes transitaban en su cabeza en una sucesión vertiginosa, visiones que jamás hubiera deseado tener. Mientras acudía al trabajo, la cotidianidad del trayecto le revelaba una dimensión nueva, y absolutamente vergonzosa, y se sorprendía a sí mismo lanzando furtivas e inconfesables miradas. Cada vez más desesperado, echó a correr, como si de ese modo pensara librarse de ese cerebro que no era el suyo; en su huida, cruzó una calle sin detenerse a mirar el semáforo y sólo vio unos grandes faros, como ojos de una bestia furiosa que se abalanzaba sobre él.

Antes de abrir los ojos, por un breve instante, creyó que despertaría en su cama de una desagradable pesadilla. Pero lo que murmuraba suavemente no eran los ronquidos de su mujer, sino la maquinaria a la que estaba conectado y que controlaba sus funciones vitales. Derrotado, pero dispuesto a redimirse, pidió ver a su hijo mayor, pero jamás lo logró: se había trasladado con su marido meses atrás y nunca se preocupó en volver a contactar con su padre.





Homofobia y heterosexismo

22 02 2008

La vida de una persona homosexual como yo difiere de la de un heterosexual en unos cuantos aspectos; aparte de los definitorios afectivo-sexuales, guardamos ese exceso de autoestima (según Pedro Zerolo) que se viene en denominar orgullo o dignidad gay, y que es la respuesta ante dos tipos de situaciones discriminatorias: las de homofobia y las de heterosexismo.

- La homofobia es la más conocida de las dos, aunque haga poco tiempo que se la empiece a asimilar a otras fobias y discriminaciones negativas como el machismo, la xenofobia o el racismo. Según la RAE, es una aversión obsesiva hacia las personas homosexuales. Esta definición ya es homófoba de por sí: da a entender que existe una aversión “innata” o “normal” (como le gusta decir al líder de la oposición) hacia los homosexuales y que la homofobia sólo se da cuando la aversión se vuelve obsesiva. El mismo autocorrector de Microsoft Word me ha cambiado automáticamente la palabra homófoba por homófona, que sin duda le ha de resultar mucho más apropiada para esta carta que parece que estoy escribiendo,… homofobia informática, se podría decir.

Hay signos positivos de que se empieza a luchar contra la homofobia: a nivel europeo, todo Estado que pretenda acceder a la Unión ha de prohibir expresamente la discriminación por motivo de orientación sexual, y ésta es además un agravante para los hate crimes o crímenes cometidos por el odio a la diferencia. Pero todavía mucha gente en los países desarrollados se resiste a condenarla con la misma rotundidad que las otras fobias que mencioné anteriormente (no digamos ya en Estados africanos o en los mayoritariamente islámicos, en los que la homofobia es ley); y así, se encuentra uno con que un entrenador español de fútbol puede decir alegremente que “ser maricón hoy en día es un chollo” sin que ninguna justicia actúe contra él ni los periódicos generalistas lo refieran siquiera. ¿Os imagináis que hubiera dicho “ser negraco hoy en día es un chollo”?

En mi caso, afortunadamente, sólo experimento homofobia de manera esporádica; en muchas ocasiones, en forma de comentario de carácter pretendidamente jocoso pronunciado por alguien que no sabe que está hablando con un homosexual. No siempre ha sido así, y según el tipo de personas con las que uno se relacione puede cambiar mucho la situación; hubo una época, al comienzo de mi adolescencia, en la que homófobos de mi misma edad se ensañaban verbalmente conmigo, lo que resultó más duro porque yo mismo me encontraba entonces aún por definir “ese algo” mío, diferente y particular. Y aun así, sospecho (sé) que muchísimos homosexuales lo han pasado y lo pasan bastante peor que yo en su momento, y que de entre ellos, demasiados llegaron y llegan a considerar el suicidio.

- El heterosexismo es una forma de rechazo mucho más sutil, generalizada, difusa y permanente (ésta ni siquiera existe para los eminentes académicos, aunque sí figura en Wikipedia, y en unos cuantos idiomas). Consiste, simplemente, en asumir que todo el mundo es heterosexual mientras no exprese claramente lo contrario. Si bien se admite que existe la homosexualidad, se aprecia como algo lejano; algo que, desde luego, no le pasa a nadie cercano a la persona en cuestión. Los homosexuales existen, pero no concibo que tú, que estás delante de mí, puede que seas homosexual. El heterosexismo no sólo inunda las relaciones sociales, sino todos los medios de comunicación y la publicidad, incluso la que va específicamente dirigida a los homosexuales. En este sentido, me llamó la atención un anuncio de productos de cuidado masculino publicado en Zero. Donde en el anuncio original se leía algo así como: “¿Te crees impresionante? A ella le impresiona tu mala cara”, habían tachado el “ella” y escrito encima, en pretendido rotulador manuscrito, “él”. Me dio una idea del nivel de heterosexismo de la publicidad: el anuncio “auténtico” es el que da por hecho que eres heterosexual, la otra versión es un mero remiendo hecho además a mano y sobre la marcha. A lo mejor piensan en esa empresa que los homosexuales sólo leemos Zero y nunca otras revistas como Geo, Tiempo o Pronto. Y eso que por lo menos se molestaron en cambiarlo, que también vi en aquella misma revista cómo pretendían venderme una crema depilatoria con la imagen de una cariñosa pareja heterosexual.

A nivel más diario y cotidiano, el heterosexismo está siempre presente, y uno ha de estar alerta para no dejarse llevar por la comodidad y plantar cara, aunque no siempre sea fácil. Una simple pregunta sobre, digámoslo así, mi estado sentimental (¿y tú tienes novia?), ha sido, en unas cuantas ocasiones ya, la forma más espontánea de salir del armario; vamos, como ponérmelo en bandeja. Pero muchas veces la situación no es tan clara y uno duda de si manifestar sus preferencias afectivo-sexuales sería forzar un poco la situación, y opta por callar, a la espera de mejor ocasión. A mi modo de ver, el heterosexismo es una forma de homofobia, no por atenuada menos necesaria de combatir. Y es que la homofobia inherente a nuestra educación es la que está en muchas ocasiones en el origen del heterosexismo: asumiré que eres heterosexual aunque intuya que no lo eres, no vaya a ser que haga un comentario algo ambiguo y te ofendas. Sí, te ofendas porque interpretes que albergo dudas sobre tu absoluta heterosexualidad.

La invisibilidad externa (en la mayoría de los casos) de los homosexuales es una ventaja y un inconveniente. Ventaja mientras exista homofobia, porque te puede librar de ataques; e inconveniente mientras haya heterosexismo, dado que te considerarán heterosexual a priori y tendrás que estar saliendo del armario permanentemente. Pero, en fin, ello es lo que hace nuestras vidas a la vez más difíciles y más apasionantes.

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Justificación injustificada

20 02 2008

Hay mucha gente que reniega del inglés. Claman que está diluyendo nuestras culturas, uniformizándolas, invadiendo nuestro idioma. Parece que utilizarlo implica una necesidad de hacerse pasar por moderno, de resultar original o de dejar en evidencia a la gente que no comprende ese idioma ni, por tanto, lo que estás escribiendo.

Ninguna de éstas es mi razón para que el nombre de mi blog esté en inglés (parcialmente, ya que Albus es un nombre propio ficticio de origen latino). Mi motivo es que siento que las lenguas no son caminos paralelos con correspondencias biunívocas, sino que con cada una de ellas se expresan matices diferentes y una cosmovisión, ligera o considerablemente, distinta. Busqué hum en WordReference y me informé de que significaba, a la vez, tararear, canturrear, y zumbar. Me pareció muy apropiado que estas tres ideas se expresaran con una sola palabra que a su vez, calificaran a mi personaje favorito de mi serie preferida de novelas. Personaje con el que además me siento identificado en varios aspectos, entre ellos su cualidad de humming person.

Aquí iré escribiendo (o tarareando) lo que se me vaya ocurriendo, generalmente pequeñas reflexiones, opiniones o vivencias relacionadas con la homosexualidad u otros temas que me incumban. Gracias por leerme.