La vida de una persona homosexual como yo difiere de la de un heterosexual en unos cuantos aspectos; aparte de los definitorios afectivo-sexuales, guardamos ese exceso de autoestima (según Pedro Zerolo) que se viene en denominar orgullo o dignidad gay, y que es la respuesta ante dos tipos de situaciones discriminatorias: las de homofobia y las de heterosexismo.
- La homofobia es la más conocida de las dos, aunque haga poco tiempo que se la empiece a asimilar a otras fobias y discriminaciones negativas como el machismo, la xenofobia o el racismo. Según la RAE, es una aversión obsesiva hacia las personas homosexuales. Esta definición ya es homófoba de por sí: da a entender que existe una aversión “innata” o “normal” (como le gusta decir al líder de la oposición) hacia los homosexuales y que la homofobia sólo se da cuando la aversión se vuelve obsesiva. El mismo autocorrector de Microsoft Word me ha cambiado automáticamente la palabra homófoba por homófona, que sin duda le ha de resultar mucho más apropiada para esta carta que parece que estoy escribiendo,… homofobia informática, se podría decir.
Hay signos positivos de que se empieza a luchar contra la homofobia: a nivel europeo, todo Estado que pretenda acceder a la Unión ha de prohibir expresamente la discriminación por motivo de orientación sexual, y ésta es además un agravante para los hate crimes o crímenes cometidos por el odio a la diferencia. Pero todavía mucha gente en los países desarrollados se resiste a condenarla con la misma rotundidad que las otras fobias que mencioné anteriormente (no digamos ya en Estados africanos o en los mayoritariamente islámicos, en los que la homofobia es ley); y así, se encuentra uno con que un entrenador español de fútbol puede decir alegremente que “ser maricón hoy en día es un chollo” sin que ninguna justicia actúe contra él ni los periódicos generalistas lo refieran siquiera. ¿Os imagináis que hubiera dicho “ser negraco hoy en día es un chollo”?
En mi caso, afortunadamente, sólo experimento homofobia de manera esporádica; en muchas ocasiones, en forma de comentario de carácter pretendidamente jocoso pronunciado por alguien que no sabe que está hablando con un homosexual. No siempre ha sido así, y según el tipo de personas con las que uno se relacione puede cambiar mucho la situación; hubo una época, al comienzo de mi adolescencia, en la que homófobos de mi misma edad se ensañaban verbalmente conmigo, lo que resultó más duro porque yo mismo me encontraba entonces aún por definir “ese algo” mío, diferente y particular. Y aun así, sospecho (sé) que muchísimos homosexuales lo han pasado y lo pasan bastante peor que yo en su momento, y que de entre ellos, demasiados llegaron y llegan a considerar el suicidio.
- El heterosexismo es una forma de rechazo mucho más sutil, generalizada, difusa y permanente (ésta ni siquiera existe para los eminentes académicos, aunque sí figura en Wikipedia, y en unos cuantos idiomas). Consiste, simplemente, en asumir que todo el mundo es heterosexual mientras no exprese claramente lo contrario. Si bien se admite que existe la homosexualidad, se aprecia como algo lejano; algo que, desde luego, no le pasa a nadie cercano a la persona en cuestión. Los homosexuales existen, pero no concibo que tú, que estás delante de mí, puede que seas homosexual. El heterosexismo no sólo inunda las relaciones sociales, sino todos los medios de comunicación y la publicidad, incluso la que va específicamente dirigida a los homosexuales. En este sentido, me llamó la atención un anuncio de productos de cuidado masculino publicado en Zero. Donde en el anuncio original se leía algo así como: “¿Te crees impresionante? A ella le impresiona tu mala cara”, habían tachado el “ella” y escrito encima, en pretendido rotulador manuscrito, “él”. Me dio una idea del nivel de heterosexismo de la publicidad: el anuncio “auténtico” es el que da por hecho que eres heterosexual, la otra versión es un mero remiendo hecho además a mano y sobre la marcha. A lo mejor piensan en esa empresa que los homosexuales sólo leemos Zero y nunca otras revistas como Geo, Tiempo o Pronto. Y eso que por lo menos se molestaron en cambiarlo, que también vi en aquella misma revista cómo pretendían venderme una crema depilatoria con la imagen de una cariñosa pareja heterosexual.
A nivel más diario y cotidiano, el heterosexismo está siempre presente, y uno ha de estar alerta para no dejarse llevar por la comodidad y plantar cara, aunque no siempre sea fácil. Una simple pregunta sobre, digámoslo así, mi estado sentimental (¿y tú tienes novia?), ha sido, en unas cuantas ocasiones ya, la forma más espontánea de salir del armario; vamos, como ponérmelo en bandeja. Pero muchas veces la situación no es tan clara y uno duda de si manifestar sus preferencias afectivo-sexuales sería forzar un poco la situación, y opta por callar, a la espera de mejor ocasión. A mi modo de ver, el heterosexismo es una forma de homofobia, no por atenuada menos necesaria de combatir. Y es que la homofobia inherente a nuestra educación es la que está en muchas ocasiones en el origen del heterosexismo: asumiré que eres heterosexual aunque intuya que no lo eres, no vaya a ser que haga un comentario algo ambiguo y te ofendas. Sí, te ofendas porque interpretes que albergo dudas sobre tu absoluta heterosexualidad.
La invisibilidad externa (en la mayoría de los casos) de los homosexuales es una ventaja y un inconveniente. Ventaja mientras exista homofobia, porque te puede librar de ataques; e inconveniente mientras haya heterosexismo, dado que te considerarán heterosexual a priori y tendrás que estar saliendo del armario permanentemente. Pero, en fin, ello es lo que hace nuestras vidas a la vez más difíciles y más apasionantes.

